Alfredo Luenzo

Senador de la Nación por Chubut

La Bicameral del Defensor de Niñas, Niños y Adolescentes mantuvo un encuentro durante interactuaron con jóvenes

La voz de los pibes y pibas llegó al Congreso. Fue en el marco de una reunión informativa de la Bicameral del Defensor de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, presidida por la diputada Paola Vessvessian (FdT), un grupo de jóvenes de diferentes puntos del país relataron sus testimonios sobre cómo transitaron la pandemia.

Durante un encuentro remoto, que duró más de dos horas, adolescentes de distintas provincias interactuaron con las integrantes de la comisión, quienes los consultaron sobre varios temas. Entre ellos se destacaron la educación, la salud mental, el trabajo en el núcleo familiar y los efectos de la cuarentena.

Una de las invitadas, Ángeles Virginia Tapia de San Fernando del Valle de Catamarca, expresó que “la pandemia fue difícil” porque “en esta edad era muy necesario estar con mis amigos, y quedamos encerrados. Me afectó en lo emocional, pero lo supe llevar”. Para la joven, lo más complicado fue “extrañar a mis amigos, verlos en el colegio, compartir cosas con ellos”.En lo que respecta a los ingresos de su familia, Tapia relató que el emprendimiento de harinas alternativas que realiza con su mamá “fue un ingreso muy importante en mi familia”. “Gracias a eso llegábamos a fin de mes, porque no se podía trabajar”, agregó.

Desde la localidad de Gaiman, provincia de Chubut, Lautaro Balge señaló que la tecnología “ayudó mucho a que pudiéramos seguir en línea con los familiares a distancia” y con los amigos. “El tema de la escuela fue difícil; en un principio acostumbrarse a lo que es estudiar en tu casa con bastantes distracciones, te distraes mirando una serie, una peli, no haces la tarea”, contó.

Y graficó que algunos de sus compañeros “no tenían para conectarse y algunas escuelas le han dado la oportunidad con una computadora” o “algunos profesores imprimían la tarea y se las llevaban a las casas”.

“El mayor miedo es que volvamos a las casas, que se pierda la presencialidad en las escuelas, ver cara a cara a tu familia y no en una pantalla”, dijo sobre el futuro.También desde Chubut, pero en la localidad de Puerto Madryn, Macarena Pizzaro manifestó: “En pandemia no la pasamos muy bien con mi familia, fue una situación bastante difícil por el hecho del trabajo y los estudios”.

“Hace tres años que estamos atravesando en Chubut una situación bastante difícil con los docentes, que no se les están pagando los sueldos, se les debe más de cuatro meses de sueldo este año”, apuntó.

Desde lo personal, Pizzaro reveló: “Repetí tercero y me han hecho pasar a cuarto sin tener la base que se necesita para cuarto. Estoy cursando este año como puedo, hay cosas que no las entiendo, que me cuestan un montón”.

“En mi escuela más de 30 estudiantes están pasando por la situación de no contar con un celular, una computadora o servicio de internet para hacer las actividades”, subrayó y completó diciendo que “a nosotros todavía nunca nos entregaron las computadoras del gobierno, porque cuando me tenía que tocar a mí fue cuando entró en gobierno (Mauricio) Macri y sacó este sistema de entregar las computadoras, y después nunca más nos entregaron ninguna”.

Por su parte, Magalí Buccolo, integrante del centro de estudiantes del Instituto Comunicaciones, habló de los efectos en las relaciones familiares, como por ejemplo la que tuvo con su padre, quien es una persona de riesgo y al no vivir en la misma casa solo vio tres veces el año pasado. “Es terrible para un vínculo padre-hija”, resaltó.

La joven también señaló que, respecto a las relaciones con los amigos, “cuando pasaron unos meses la falta se empezó a sentir. Es una edad en la que queremos estar constantemente con nuestros pares”. Y mencionó que “Argentina es uno de los países que tiene la tasa más alta de ansiedad en los jóvenes, y por supuesto la pandemia lo agudizó”.

A su turno, Ulises Llanes, estudiante de la provincia de Mendoza, puso sobre la mesa la cuestión de los centros de estudiantes, que “son el primer espacio democrático que tienen los pibes y las pibas una vez que entran a la escuela”. “Con la pandemia vimos muy afectado eso”, aseguró y advirtió que hay “directivos y directivas que no quieren que creemos centros de estudiantes; es una realidad que ya nos venía sucediendo pero que quizás se ha profundizado con la pandemia”.

Llanes advirtió que la pandemia dejó “un montón de necesidades, un alto nivel de pobreza y donde el centro de estudiantes puede ser una ayuda muy concreta”.

El acceso a la educación el año pasado fue totalmente desigual”, aseveró y continuó: “Yo pude acceder a educación, conectarme, resolver mis trabajos, porque tenía una situación socio-económica en mi familia que me lo permitió”. Sin embargo, “dejamos bastante afuera a todos aquellos pibes y pibas que no tenían una compu, o tenían que compartirla, o en su casa había solo uno o dos teléfonos”, remarcó.

Durante la reunión expuso además Lucca Ocampo, estudiante de la provincia de Salta, quien expresó que la cuarentena ha causado “altos niveles de estrés y ansiedad; necesitábamos salir a tomar aire, distraernos, y salir de ese encierro que tanto daño nos ha hecho”. “La salud mental ha sido uno de los elementos en los que los adolescentes y toda la sociedad se ha visto perjudicada”, alertó.

Y añadió que “hubo sentimientos de tristeza, soledad, desolación e incertidumbre, lo que ha provocado que muchos cayeran en trastornos de alimentación e incluso depresión. Ser adolescente es difícil en cualquier etapa, pero más en este período de contingencia”.

También participaron Nicolás Améndola, de la localidad bonaerense de Necochea e integrante de la Selección Argentina de Natación para personas con Síndrome de Down; Juan Ignacio Cardenas Alonso, también estudiante de Necochea; Agustina González, referente de Casa Joven, dentro del Movimiento Nacional de los Chicos del Pueblo; Ariela Sánchez, estudiante de la provincia de Mendoza; Julieta Rufino, estudiante de la provincia de Santa Cruz; y Mateo Juárez, estudiante de la provincia de Tucumán.

Fuente www.elparlamentario.com