Prensa

DIA DE LA MEMORIA

En Argentina recordamos hoy la fecha en que irrumpió en el poder del Estado, la última y más dramática de las dictaduras que asolaron durante el siglo XX a Sudamérica toda. Fecha que en pleno estado de Derecho está marcada a fuego entre las efemérides nacionales con la denominación de Día de la Memoria.

Ejercemos así, cada 365 días, el sagrado oficio de la memoria. Que es reivindicar, permanentemente, a la verdad y a la Justicia.

Somos conscientes, las nuevas generaciones, que las armas de la Nación no se levantaban porque sí, alegremente, por ocurrencia audaz de un puñado de uniformados mesiánicos. Los militares, indudablemente, eran el mascarón de proa de múltiples intereses económicos nacionales y extranjeros; compromisos globales en su mayoría vinculados con los más perversos intereses de un capitalismo salvaje, sin el menor costado humanista. Con mayor o menor participación eclesial, y en general, demonizando a todos y cada uno de los movimientos de liberación nacional que aquellos países que derivamos de viejas colonias.

La de aquel maldito “Proceso de Reorganización Nacional”, iniciado el 24 de marzo de 1976, fue la más cruda versión de aquellos “golpes militares” que sufriera el continente durante el pasado siglo. Los miles de desaparecidos, fusilados, y reclusos por razones ideológicas y sin proceso judicial alguno, nos demandan desde el fondo de la historia el aprendizaje sobre los errores cometidos.

El abandono de toda teoría de demonización de los extremos; el trabajoso esfuerzo cotidiano de construir un país con los unos y con los otros.

Paradójicamente reflexionamos esto en un contexto internacional absolutamente distinto al de hace 40 años; pero desgraciadamente la esencia de las relaciones de convivencia en el mundo entero, siguen siendo las mismas: la tensión entre gobiernos y gobernados; la profunda inequidad en la distribución de la riqueza; el absolutismo de los poderosos ante los descastados.

En este Día de la Memoria, en nuestra Argentina –como en otros tantos países—ya sin dictaduras, pero si con una multiplicidad de recursos comunicacionales y factores de dominación que subyugan a través del trabajo y la necesidad de subsistencia de las mayorías, la discusión de fondo sigue siendo la misma: la inequidad en la distribución de la riqueza.

Y aquella contundente sugerencia del gigantesco Fedor Dostoievski en “Los Hermanos Karamazov”: El bien y el mal libran su eterna lucha; y el campo de batalla es el corazón del hombre.

Otras Noticias