Alfredo Luenzo

Senador de la Nación por Chubut

ANIVERSARIO COMODORO RIVADAVIA

Comodoro recuerda hoy 119 años de incondicional entrega. #ComodoroRivadavia #Chubut
Claro ejemplo del país macro-cefálico y estéril que supimos conseguir, Comodoro Rivadavia cumple este 23 de febrero 119 años al servicio de la Nación. Ciento doce de ellos, habiendo aportado al Tesoro, un monto equivalente al doble de la actual deuda externa del país, a valores constantes.
El destino marcó a la histórica Capital Nacional del Petróleo su sendero de lento y trabajoso desarrollo: sus yacimientos de petróleo de difícil laboreo, hacen que –gota a gota—sin estridencias ni espectaculares hallazgos la producción se mantenga; sin prisa, pero sin pausa.
La sinrazón nacional de sostener el esquema de la histórica matriz británica para la exacción agropecuaria de nuestra rica Pampa Húmeda, tiene a esta ciudad patagónica como a todo el interior lejano y productivo como convidados de piedra en la mesa del país central. Algunos, porque la Naturaleza no les dio recursos. Otros, porque se los confiscan a cambio de módicas regalías y la sinrazón de supuestos subsidios…
Naturalmente, no sólo eso representa Comodoro Rivadavia: en sus descendientes de gringos de Europa del Este, de los provincianos, de sudafricanos y de los chilenos; de españoles, italianos, alemanes y una veintena de colectividades más, sigue campeando el espíritu de sacrificio y la insalvable resignación de dar mucho más de lo que se recibe a cambio.
Y sobreviven recordando con nostalgia la esperanza de aquellos pioneros que en el transcurso de los últimos cien años, afrontaron su duro desarraigo apostando al futuro venturoso en una de las más ricas cuencas argentinas.
La misma cuenca del Golfo San Jorge que desde lo ictícola fluyen no menos divisas, en este caso, insospechables, merced al vidrioso y nunca explicitado contralor de los intereses nacionales sobre la pesca, que deja una irrisoria renta a la zona de explotación.
Comodoro Rivadavia, de todos modos, puede hoy festejar. Y debe hacerlo en mérito a sus habitantes, pasados, actuales y futuros.
Sus soluciones, sus mejores perspectivas, no dependen de los esfuerzos locales, esterilizados por la absoluta inexistencia de la República Federal alguna vez prometida.
Es por ello que más allá de la alegoría del aniversario, conviene celebrar cuando menos el estoicismo de estas dos cientos cincuenta mil almas que en estas horas aguardan con expectativas la enésima promesa de hacer cierto ese destino manifiesto de nuestros padres fundadores. El federalismo real.