3 Mayo, 2016

Ermelinda Painequeo

Ermelinda vive en Trelew, Chubut. Recibe invitaciones para participar en las principales ferias de artesanías del país y siempre que puede asiste porque le gusta mucho viajar y mostrar lo que hace. Aprendió de niña a hilar y a tejer. “Era una obligación para las mujeres, era el trabajo que había en las comunidades”. Recuerda que su primer tejido fue una matra, “antes no se hacían cosas chiquitas. Mi mamá me enseñó los primeros pasos y a mí como me gustaba mucho no me costó nada aprender”.

Cuenta que en el campo durante el invierno se hilaba y en el verano se tejía porque el telar estaba afuera, afirmado en las paredes de la casa. Las prendas se hacían para el uso de la familia, “sin intención de venderlas porque no sabíamos el valor de las cosas. Por ahí se hacía algún trueque entre los mercachifles y algunos trabajos se cambiaban por mercadería”.

Mi abuela, mi mamá y mi tía no sabían leer, y la mayoría de la gente que hacía esto no sabía leer ni escribir. Pero para hacer el tejido hay que contar, todo es contado, si una no cuenta bien no salen los dibujos”, asegura. Los dibujos de sus tejidos se relacionan con los animales, con la montaña y con la tierra.

FUENTE: manosdeartesano.com

3 Mayo, 2016

Pablo González Medrano

Las pinturas de Pablo González Medrano se caracterizan por una especial sensibilidad y realismo en cada una de sus pinceladas, captando con detalle distintos paisajes de Chubut.  A lo largo de los años,  ha merecido numerosos reconocimientos y realizado un largo listado de exposiciones: Museo del Senado, Legislatura Provincial, Bolsa de Comercio de Buenos Aires, Espacio Mudich, Trelew, Centro Cultural Provincial, ArtePunta Conrad Punta del Este, Facultad de Derecho (UBA) Casa del Chubut (C.A.B.A.), Portal de Madryn, figuran en un extenso listado de exhibiciones realizadas a la fecha.

Respecto a estos últimos años, en 2012 una de sus obras ha pasado a integrar el patrimonio del Museo Municipal de Arte Moderno de Mendoza, al obtener el 2° premio adquisición en el IV Encuentro Nacional de Pintores Paisajistas. En 2015 obtuvo por segunda vez consecutiva el primer premio en el Eisteddfod del Chubut (A. Visuales). Dos de sus exposiciones fueron declaradas de interés por la Legislatura de Chubut y el Primer Ministro de Gales, en su visita a la zona en el marco del sesquicentenario, recibió una de sus pinturas: La capilla de Bryn Crwn. Por otra parte recientemente fue merecedor del 1° premio en el Encuentro de Pintores Paisajistas realizado en Río de los Sauces, Córdoba (2016).

Pablo González Medrano es profesor nacional de pintura, egresado de la Escuela Nacional de Bellas Artes “Prilidiano Pueyrredón” y maestro nacional de dibujo, de la Escuela Nacional de Bellas Artes “Manuel Belgrano”. Es profesor en institutos de formación docente de la ciudad de Trelew y brinda talleres. Otra faceta de su carrera es la comunicación. Egresado del I.S.E.R. central como locutor nacional, es periodista en un medio gráfico local.

Para pintar, Pablo se traslada con su caballete a distintos puntos de la provincia, logrando composiciones impactantes, manteniendo una constante producción. Actualmente, expone  sus pinturas en la Legislatura de Chubut.

Más información en www.gonzalezmedrano.com.ar o en el Facebook Pablo Gonzalez Medrano.

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Web: gonzalezmedrano.com.ar

3 Mayo, 2016

Cholo Barriga

Cholo Barriga es un referente de la música patagónica.
Nacido y criado en El Maitén en la provincia del Chubut, hombre de campo, trabajó en el ferrocarril en la regionalmente llamada La Trochita hoy Viejo Expreso Patagónico, mas aún que en El Maitén estaban los talleres de dicho tren de trocha angosta.
Pero siempre ha sido hombre de campo, conocer de las actividades rurales y compilador de los dichos, cuentos, comentarios, leyendas propias del hombre de campo. Tiene la profunda alegría y orgullo de haber sido amigo de Don Abelardo Epuyén González, otro baluarte de nuestra música patagónica. Tiene en voz y en la guitarra ese sabor propio, único e identificatorio de esa comarca chubutana de Epuyén, Cholila, El Maitén, El Hoyo y Lago Puelo. Todos los cantores y guitarreros de esa zona tienen ese sabor cordillerano en su canto y esa forma única de hacer sonar la guitarra, lógicamente heredadas de Don Abelardo que dejó en sus seguidores y coterráneos esa herencia tradicional.
El Cholo Barriga también es autor de algunas de sus canciones que refieren a las actividades del campo y a su andar trabajando en las estancias de la zona. Una larga y profusa trayectoria que lo coloca como ya dijera en un claro referente de nuestra música patagónica desde la comarca chubutana del paralelo 42.

  

3 Mayo, 2016

Miguel Oyarzábal

Nació en Salto Provincia de Buenos Aires en 1948. Reside en Puerto Madryn desde 1.979.
Publicó cuatro poemarios; fue becado por el Fondo Nacional de las Artes y la Fundación “Futuro”.
Hizo periodismo radial y escrito.

Web: migueloyarzabal.blogspot.com.ar

 
 
 
 

A CADA UNA DE LAS LÁMPARAS
Debo el poema a las lámparas
tal vez para otro libro
o para nunca.
Sí, es cierto que me fueron fieles desde el primer lápiz,
desde la pluma cucharita y el tintero involcable,
que las descubrí en la adolescencia,
que las hice mías cuando todavía era muy joven,
que las traje al sur
para velar saudades de mapa arriba:
Pero aún ignoro de dónde vienen,
Cómo funcionan, por qué.
Creo que se parecen al sol de las cinco de la tarde
como el que se quedaba apoyado en el tapial de mi infancia,
o al de las nueve de la mañana pintándome el desayuno.
Siempre caen inclinadas en la parte más cálida de la mesa
Dejando ver claramente los trazos, las palabras, las torpezas.
Son las muletas justas
para que el ojo rengo deambule por la hoja sin caerse
y cuando la mirada se pone en blanco ignorando el papel,
se convierten en el escenario donde los dioses bailan
y sentencian a la mano a escribir cien veces me duele.
Creo que también alumbran como las lunas de la medianoche,
cantando sin alzar la voz
para que sea yo el que baila con los recuerdos,
el que arme sus nombres con el humo del cigarrillo,
el que le ponga el costado a las historias que no fueron,
el que sangre seriamente en el final de cada verso,
el que distinga entre el poema y la niebla.
Así es que las busco cuando prescribe el día
y las empuño como un timón,
como la brújula que me guía.
Hasta que por la ventana vuelva a aparecer el horizonte.

SIESTA
En la sala de espera
una poesía duerme la siesta.
Al amparo de los paraísos la estación está a salvo;
el paisaje local,
descansa recostado contra las lomas del oeste;
el aire, cuidadoso,
se guarda de no incomodar al silencio
y deja a las nubes donde están;
sólo algún perro taciturno
se atreve a cambiar de lugar de vez en cuando.

El carguero hoy no viene
y el rápido no pasará hasta después de la cena;
así que el cambista
desde su condición de cambista
duerme la siesta,
el guardabarreras se siente guardabarreras
y duerme la siesta,
el jefe se sabe jefe
y tranquilo duerme la siesta,
y el poeta del pueblo
seguro de haber escrito a la poesía definitivamente,
también duerme su siesta a tragos largos.
Pero yo,
que soy el otro costado de la poesía,
ni siquiera puedo simular el sueño:
saco a la tarde de la tarde y tomo por asalto el andén,
desato la campana que está junto a la boletería
y a badajazos limpios
rompo las ventanas,
doy vuelta los bancos de la sala para que no queden dudas,
despierto a la poesía que sueña con ser despertada
y me voy con ella de la mano por la vía,
que no está muerta

AMANECIDOS
Siempre aparecen a esta hora;
son los últimos vampiros,
bebedores de la savia nocturna de la vida.
Los veo;
con los párpados gastados y sin hablar
me cuentan de esta noche,
que no es distinta a las demás.
Ellos son los que pasaron el límite de las dos, o de las cuatro,
y que aún escarban en los huecos de las luces,
en el gusto somnoliento de café con cigarrillo.
Deambulan, casi en patota, casi solos;
hasta que el sol los atrapa en mitad de la vereda;
es la hora de partir
y parten
desperdigados,
buscando un lugar donde caer
para olvidarse hasta de sí mismos
y esperar que el día se olvide de ellos.
Se van solos, sin ruidos;
no hacen falta las cruces para ahuyentarlos,
cada cual lleva la suya.

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