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La Independencia, un sueño pendiente

Dos siglos después, el objetivo de soberanía nacional cabal y completa sigue siendo una utopía. El unitarismo portuario y la resaca colonialista, han calado tan profundo a través de los tiempos, que son parte intrínseca de la cultura de los argentinos. Tanto, que en doscientos dos años esa rémora perniciosa se crea y recrea cíclicamente alternando periodos de gobierno que recuperan un sentido nacional, con otros que promueven el sometimiento al orden establecido por la sinrazón internacional. El país central, en tanto, y en todo tiempo, abandonó también el sueño de República Federal, por el que algunos visionarios dejaron jirones de vida en el esfuerzo. Lo hace al replicar -sin titubeos-la mecánica primitiva y deplorable de apropiarse de las materias primas fundamentales (gas, petróleo, minas, pesca) de los confines de la Patria, a cambio de paupérrimas regalías y nulo procesamiento in situ. Hacer cada vez más dependientes a sus fuentes productivas, no es de un país que se sienta independiente. A cambio, tanto a sus provincias económicamente pobres, como a las naturalmente ricas, les llega el mismo brutal ajuste a que nos someten las políticas erráticas carentes de un proyecto nacional. No podemos, aun haciendo un esfuerzo voluntarista, 200 años después, celebrar con la algarabía de todo fasto patrio. No se puede festejar la paulatina, creciente y constante pérdida de Independencia política, económica y cultural. Sólo queda espacio para un mudo y emotivo homenaje a hombres y mujeres que con escasos medios y conocimientos, exhibieron hace más de dos siglos un coraje incomparable y valores morales que no supimos preservar.

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