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117 ANIVERSARIO DE COMODORO RIVADAVIA

Tierra de sacrificios y de aventureros.
Solar estéril y ventoso que supo atraer con su promesa de rápida prosperidad, a extranjeros de las más diversas
latitudes y a provincianos dueños de los más gratos paisajes del concierto nacional.
Ciudad de las mil y una identidades y escasos rasgos comunes que –en 117 años—pugna aún por amalgamarse
en un destino común, sedentario y renovable. Comarca, sin embargo, de tantos corazones abiertos como proyectos
individualistas o mezquinos.
Comodoro Rivadavia está celebrando este 23 de febrero su aniversario oficial. Discutiendo, aún, su verdadera
historia. SI fueron los terratenientes pioneros, en su mayoría extranjeros, o el capataz ferroviario italiano que encontró
el camino más breve a un puerto en tres sacrificados intentos pedestres, su genuino fundador.
De esas y otras contradicciones está hecha la historia del lugar. Lo que no admite ya mayores dicotomías es el
trazado de un futuro sustentable, un desarrollo menos espasmódico, y su indefectible diversificación económica.
Comodoro Rivadavia merece largamente a esta altura de su historia, una definitiva reparación. Una
indispensable cuota de equidad y sinceramiento en el desigual balance entre lo que desde su subsuelo y desde su Golfo
entregó a la Nación, y lo que le fue retribuido.
Se impone, más que nunca, respetar con claridad el concepto de “regalías”, que en el Derecho Internacional
define su utilización resarcitoria exclusiva en aquellos lugares donde se extraen riquezas no renovables. Y no la
perniciosa costumbre de usar esos fondos como recurso coparticipable, aplicable a las rentas generales de zonas
fuera del entorno inmediato a la explotación.
También de ese mecanismo del colonialismo interno está hecha la malhumorada identidad comodorense.
Quizá sea el único rasgo común que se reconozcan los descendientes de aquellas mil y una etnias que conviven
mascullando su desazón por haber dado tanto y recibir, a cambio, tan poco…
Por eso es impensable, ya en el Tercer Milenio, seguir aceptando nuevas y engañosas ofertas de explotación
minera que, a la vista está, han servido para salvar urgencias de Caja del Estado Nacional, esquilmando de su renta a
las provincias y éstas a los municipios, que sólo se quedan con el pasivo ambiental de sus territorios devastados.
Debe, la Nación toda, celebrar en este día el estoico transitar de las novísimas cuatro generaciones de
comodorenses que constituyen la breve trayectoria de la Capital del Petróleo. Pero debe además el País reconocer el
espíritu de sacrificio y de resignación de todos aquellos que reinciden en permanecer en la esperanza de que en algún
momento llegará alguna de las compensaciones pendientes.
Entretanto, los actuales habitantes de esta ciudad heroica, rememoramos todo lo bueno que gringos de toda
latitud, originarios y provincianos, dejaron como simiente de esta verdadera factoría industrial y comercial: una mezcla
irrepetible de razas y una irreductible cultura del trabajo. Aunque, por si solas, no alcancen para asegurarles el porvenir
que, por condiciones naturales, inexcusablemente, les corresponde.
Celebramos el 117 Aniversario alentando que Comodoro Rivadavia definitivamente cristalice su rol de
centro neurálgico de la Patagonia Central, articulando productivamente los intereses comunes de Chubut y Santa
Cruz a través de su Corredor Bioceánico — perversamente postergado desde hace casi cuatro décadas– como
herramienta fundamental para el despegue de nuevas vertientes productivas.

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