-LA POLITICA ONLINE-
El Gobierno mira a los partidos provinciales para condicionar a la liga de gobernadores del PJ

Santiagueños, misioneros y neuquinos lo acercarían al quórum y presionarían al PJ.

Las primarias confirmaron un escenario en el Congreso que nada prevé que se altere en octubre, gane o pierda Cristina Kirchner: Cambiemos podría dominar ambas cámaras aliado a los restos del peronismo ortodoxo, aquellos legisladores leales a gobernadores y sindicalistas y ajenos a la ex presidenta.

La ecuación está cimentada en las buenas performances de Cambiemos en Buenos Aires y Córdoba, que arrasan con el frente de Sergio Massa en Diputados; sumado a su competitividad en las ocho provincias que arriesgan senadores, donde el oficialismo si no pudo ganar, salió segundo.

Si los números se repiten con exactitud, al frente oficialista le faltarían alrededor de 25 diputados y 12 senadores para alcanzar el quórum y los conseguiría sin problemas si los gobernadores peronistas dibujan una agenda de trabajo con Mauricio Macri y obligan a sus legisladores a respetarla, sin escuchar voces kirchneristas.

Pero cerca del presidente saben que tampoco hace falta rendirles pleitesía y advierten que con sólo 5 gobernadores podrán tener una mayoría sólida para aprobar leyes. Y algunos ni siquiera deben surgir de la renacida liga peronista, integrada por muchos derrotados en las primarias.

En el gobierno saben que sólo necesitan cinco gobernadores, entre los que podrían incluirse a varios de partidos provinciales, para matizar la negociación con la liga de mandatarios peronistas.
Pueden llegar de partidos provinciales que gobiernan provincias hace décadas y durante el kirchnerismo se convirtieron en aliados de hierro, sobre todo en los años finales de Cristina, cuando la tropa peronista se armaba y se desarmaba según la ocasión.

No fue el caso de los legisladores que respondían al entonces gobernador de Santiago del Estero Gerardo Zamora; los referentes del Movimiento Popular Neuquino (MPN) y los misioneros del Frente Renovador de la Concordia, una mixtura de radicales y peronistas surgida en 2003 y kirchnerizada al poco tiempo.

Tanto fue así que muchos olvidan que su gobernador, Hugo Passalacqua, y su antecesor Maurice Closs -que será senador en diciembre- provienen de la juventud de la UCR. Tan camuflado quedó Passalaqua, que participó de todas las reuniones de sus pares peronistas el último mes.

No así Zamora, también surgido del partido de Leandro Alem, que olvidó tras ganar en 2005 y sellar una alianza con Néstor Kirchner. Cuando arribó al Senado en 2013 y lo eligieron presidente provisional, Gerardo Morales le reprochó su pasado y le pidió devolver la llave del Comité santiagueño.

Desde que Macri llegó a la Casa Rosada ambos trataron de recordar que nunca fueron peronistas: Zamora armó un sub bloque con su par Ada Iturrez de Cappellini; Closs hizo el suyo en Diputados y en el Senado lo imitó su ex vicegobernadora, Sandra Giménez. No así a Salvador Cabral, que siguió en el PJ.

Pero el Gobierno no hizo todos los esfuerzos por integrarlos a una agenda parlamentaria y les permitió tener la conducta que más les gusta: votar a veces con el Gobierno y a veces no, para estar listos a negociar si lo llaman.

Cuando se trata de partidos provinciales, si hay compromisos a mediano plazo (obra pública, el principal) los gobernadores no tardan en convertir a sus legisladores en oficialistas. Durante el gobierno de Macri, no terminó de pasar.

El MPN nunca fue un problema para Cristina Kirchner, que en su primer mandato, tras la pelea con el campo, recuperó el control del Senado por la ayuda de Horacio Lores, entonces leal a su gobernador Jorge Sapag.

No lo era el sindicalista Guillermo Pereyra en 2013 cuando su lista se impuso en las primarias y arrasó en las generales.

Pronto sus diputados y la senadora Lucila Crexell avalaban leyes de la ex presidenta para no obstaculizar negociaciones de su provincia con la Casa Rosada, casi siempre por licitaciones u operaciones financieras, vinculadas a las millonarias reservas gasíferas de Neuquén.

Será una incógnita la actitud de los legisladores de Adolfo Rodríguez Saá y Carlos Verna, quienes se enfrentaron a Macri tanto como lo hicieron con los Kirchner, pero su electorado no reaccionó igual. Y perdieron.

Aunque no decreció, con la elección del domingo kirchnerismo seguiría siendo una minoría pero sin poder de veto en ninguna Cámara, mezclada o no con el resto del peronismo.

En Diputados ya están divididos y los K perderían algunas bancas de chaqueños y entrerrianos; en el Senado Cristina repite que Pichetto deberá impedirle sumarse al bloque junto a sus no más de 5 fieles. El Gobierno lo aplaudiría a rabiar.

El senador Alfredo Luenzo, de Chubut, abrió la puerta a una liga de partidos provinciales en el Senado, donde representa al gobernador Mario Das Neves, quien nunca se tentó de asistir a las reuniones de sus pares peronistas del último mes.

Para remarcar esa línea, Luenzo aclaró que imagina un conglomerado de partidos provinciales que no sigan la agenda del PJ, si es que tiene agenda.

E imaginó un grupo nada despreciable: Zamora domina tres bancas (le responde Gerardo Montenegro, que entró por la minoría), Neuquén tiene 2 (Pereyra y Crexell) y el frente misionero otras dos, si vuelve a ganar en octubre.

Además, puede haber varias fuerzas provinciales que no gobiernan con presencia en el Senado, como el Movimiento Popular Fueguino (Myriam Boyadjian) o los salteños Juan Carlos Romero y María Fiore de Viñuales (del Partido Renovador y aliada de Urtubey).

Fue tanta la falta de voluntad del Gobierno por molestar al peronismo en la Cámara más vieja que ni siquiera se preocupó por senadores sin patrones, como el chaqueño Eduardo Aguilar, peleado con Jorge Capitanich e incomunicado con el sucesor Domingo Peppo.

Pero si en diciembre llegaran a tocar a gobernadores no peronistas y sumara aliados sueltos (tarea siempre fácil para el poder de turno) quedaría cerca del quórum, antes de empezar a negociar con Pichetto, que dirigiría 29 senadores, kirchneristas incluidos.

En Diputados se repetiría la escena, porque los bloques de Santiago y Misiones sumaría 10 votos (6 y 4, respectivamente) y el MPN no menos de uno (perdió las primarias pero aspira a ganar en octubre, situación similar a la de Mario Das Neves).

Emilio Monzó podría poner manos a la obra para acercar a muchos diputados sin jefes, como la bloquista sanjuanina Graciela Caselles, la tucumana María Villavicencio, el cordobés Juan Pereyra (estuvo con el FpV-PJ, pero se fue) o hasta el excéntrico Alfredo Olmedo.

Si lo logra, una relación amistosa de Macri con los gobernadores que no nacieron en el PJ lo dejaría al filo del quórum y le facilitaría el trabajo a Rogelio Frigerio, a cargo de hablar con los caudillos peronistas. Tal vez sólo necesite conversar con dos o tres.

FUENTE: lapoliticaonline.com