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116 Aniversario de Comodoro Rivadavia

El fervor de los festejos, no puede disimular las necesarias reflexiones que los comodorenses tenemos que hacer ante la recordación de un nuevo aniversario de la ciudad.

Es válido que celebremos tanta potencialidad que desde el corazón mismo de la Patagonia, ponemos en evidencia a la región y al mundo.

Es estrictamente justo que reclamemos por una desproporcionada relación entre lo que nuestra zona da y recibe a la Provincia y a la Nación; pero también es imprescindible revisar qué tenemos que ver nosotros mismos con la inequidad que en momentos de desaliento proclamamos…

Nos jactamos –con razones ciertas—de ser un punto del país, si no el que más, que ha forjado un multifacético crisol de razas internacionales, y de las múltiples provincianías y etnias de la Patria Grande. Una riqueza sociológica que exhibe rasgos variopintos e irrepetibles en el Continente y tal vez en el Mundo.

Y con todo lo bueno que eso conlleva… esa indefinida e inconclusa búsqueda de una identidad cultural propia; distintiva, que nos encarrile en objetivos comunes claros y contundentes.

Porque –a confesión propia, relevo de pruebas— es evidente que si manifestamos casi cotidianamente nuestra disconformidad como conjunto social por el escaso retorno a nuestro esfuerzo y nuestra entrega de riquezas y sacrificio laboral… algo estamos haciendo mal. O no lo estamos haciendo… o no estamos sabiendo gestionar un éxito que consideremos proporcional a nuestra participación en la ecuación económica y social para el progreso regional y nacional.

¿Será esa “infancia” aldeana, de la mano sobreprotectora del “Estado Ypefiano”…?

¿Será, acaso, la contracara de aquella múltiple variedad étnica que celebramos, que nos impide una unidad sociocultural y política coherente?

¿Debemos reconocernos como una Sociedad inmadura, con las contradicciones de la adolescencia a la hora de definir un futuro, lamentablemente cada vez más cerca del agotamiento de las fuentes que fueron nuestra razón de ser?

Inexorablemente, de lo que sí podemos estar seguros a los 116 años, es que estamos dramáticamente más cerca del final de nuestro destino original; y ya no “será”, sino que ES.

ES TIEMPO DE: DEFINICIONES PROVIDENCIALES, PERENTORIAS, y CONCRETAS para garantizar el futuro en el Golfo San Jorge.

Y esa es una meta sólo podrá lograrse abandonando la comodidad del individualismo exitista de que adolecemos, para encontrarnos en un camino común donde la variedad socio-cultural no diferencie sino que sume tanta potencialidad en un OBJETIVO COMÚN.

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