“Miecho” Dola

Mieczyslaw Josef Stanislav Jan Dola nació el 11 de octubre de 1923 en Konczyce, provincia de Silesia, Polonia. Hijo de un minero, apenas tenía 16 años cuando fue forzado a trabajar en canteras y minas de carbón controladas por los nazis. El pago era ínfimo, el trato degradante. Dola decidió marchar a Bremen y en la ciudad alemana consiguió ser empleado en una fábrica de aviones.

El 17 de marzo de 1945, Dola cayó prisionero del ejército inglés a orillas del Rin. Refugiado en Gran Bretaña asistió al término de la Segunda Guerra Mundial, y en Glasgow, Escocia, logró concluir su formación como técnico constructor.

Las luchas intestinas que asolaban Polonia le impidieron regresar a su país. Atraído por sus lecturas sobre Tierra del Fuego y la promesa de paz de un país neutral, Dola decidió marchar a la Argentina.  Desde Southampton se embarcó hacia su nuevo destino y el 29 de abril de 1949 llegó a Buenos Aires, donde lo esperaba un amigo de su hermana mayor. Pero Dola quería trabajar como dibujante técnico. Para eso se había formado. Fue alguien de la sociedad polaca de Buenos Aires quien le contó de una vacante en la empresa Dorignac, en Comodoro Rivadavia. Tomó el tren a San Antonio, y por ripio, en un colectivo de Transporte Patagónico llegó a la ciudad el 20 de julio de 1949.

Dola desarrolló en Comodoro Rivadavia su profesión de dibujante técnico y una ferviente vocación pictórica. Es el artista plástico más notable y uno de los más prolíficos que haya desarrollado su obra en esta ciudad. Este paisaje inspiró su carrera con los ocres de un desierto sembrado de torres y bombas, y esos cielos de mar refulgente u oscurecido, acunando barquitos anaranjados o enormes negros acorazados. A los campos petroleros, a la conjunción de mar y desierto, a los habitantes lejanos y silentes del paisaje dedicó lienzos por cientos y convirtió su trabajo en un símbolo de la contemplación del artista sobre la poderosa inmensidad de la Patagonia.

También produjo obras de liberadora abstracción y fue galardonado en salones regionales y nacionales por el estilo y calidad de su pintura, que hizo participar con prestancia en distintas corrientes del arte mundial a un ritmo de producción apasionada.

Durante su carrera produjo más de 600 pinturas e incursionó también en la escultura. Con materiales de rezago de la industria petrolera diseñó la torre y es de su creación el monumento que la integra, en la esquina de Polonia e Yrigoyen. En sus paredes, desplegadas como abanico, se lee la siguiente dedicatoria: “A esta tierra que permitió nuestro esfuerzo para labrar su grandeza”.

Dola dirigió el “Taller Libre” de la Escuela Normal de Bellas Artes de esta ciudad. Entre 1970 y 1971 fue Jefe del Departamento de Artes Visuales de la Dirección de Cultura de la Provincia. En 2001, en el centenario de Comodoro Rivadavia fue distinguido entre los 100 ciudadanos notables.

Su trabajo y sus colaboraciones le valieron innumerables distinciones. El gobierno polaco le asignó una orden de mérito, por su obra en la sociedad. “Amada Patagonia” había sido el título de su última exposición individual.